Cuando alguien nos pregunta ¿qué nos motiva?, solemos sonreír antes de responder. No porque no sepamos qué decir, sino porque es difícil elegir solo una cosa.
Podríamos hablar de los viajes, de los destinos, de las actividades… pero la realidad es que lo que nos mueve no aparece en los catálogos. Está en los momentos, en lo que pasa entre actividad y actividad, en lo que no se puede medir pero sí sentir.
Hay algo que todos los que formamos parte de Colectivo Tándem compartimos, aunque vengamos de sitios diferentes: nos importan las personas. Y eso cambia completamente la manera de trabajar.
No va de organizar viajes, va de vivirlos
Con el tiempo te das cuenta de que este trabajo no consiste solo en organizar un viaje de fin de curso. Eso sería quedarse en la superficie.
Va de estar ahí cuando un grupo empieza sin conocerse del todo y, poco a poco, se convierte en algo más unido. Va de observar cómo alguien que el primer día apenas habla, termina riéndose, participando o simplemente sintiéndose parte de algo.
Hay cosas que no se pueden forzar, pero sí se pueden acompañar. Y ahí es donde está gran parte de la motivación.
Pequeñas historias que lo explican todo
Si preguntas a cualquier coordinador por qué sigue haciendo esto, seguramente no te dará una respuesta teórica. Te contará una historia.
Alguien recordaba hace poco a un chico que, durante los primeros días, evitaba cualquier actividad donde tuviera que exponerse. Siempre encontraba una excusa para quedarse en segundo plano. No hubo grandes intervenciones ni discursos motivacionales. Solo tiempo, cercanía y respeto.
El último día, sin que nadie se lo pidiera, fue él quien dio un paso al frente en una dinámica de grupo. No fue perfecto, ni hacía falta que lo fuera. Pero lo hizo. Y eso, para él, era enorme.
Ese tipo de momentos no salen en las fotos, pero son los que realmente se quedan.
Aprender sin darte cuenta
Otra de las cosas que nos engancha es que aquí nadie deja de aprender.
Ni los alumnos, ni los monitores, ni los coordinadores.
Aprendes a leer situaciones, a entender silencios, a intervenir menos y observar más. Aprendes que cada grupo es distinto y que lo que funciona con uno, no siempre sirve con otro.
Y sobre todo, aprendes a tener paciencia. A confiar en los procesos. A no querer resultados inmediatos. Porque trabajar con personas es así: no hay fórmulas exactas, pero sí muchas oportunidades.
El valor de lo sencillo
A veces se piensa que lo que más impacto tiene son las grandes actividades: una excursión espectacular, una actividad de aventura, una visita especial.
Y sí, todo eso suma. Pero muchas veces lo que realmente marca la diferencia es algo mucho más sencillo.
Una conversación a tiempo.
Un gesto de apoyo.
Un “tranquilo, puedes hacerlo” dicho en el momento adecuado.
Eso es lo que genera confianza. Y cuando hay confianza, todo lo demás fluye.
Lo que nos llevamos nosotros
Se habla mucho de lo que los alumnos se llevan de los viajes, pero menos de lo que nos llevamos nosotros.
Y lo cierto es que cada experiencia deja algo.
Te llevas nombres, historias, aprendizajes. Te llevas la sensación de haber formado parte de algo importante, aunque sea en un pequeño momento.
Y eso es lo que hace que, cuando empieza un nuevo curso, tengamos ganas de volver a empezar.
No todo es perfecto, y está bien
También hay que decirlo: no todo sale perfecto siempre.
Hay días más complicados, momentos de tensión, situaciones que requieren parar y replantear. Pero incluso ahí hay aprendizaje.
Porque cuando el enfoque es educativo y humano, los errores también forman parte del proceso.
Y quizás eso también forma parte de la motivación: saber que siempre se puede mejorar, ajustar, crecer.
Una forma de entender la educación
En Colectivo Tándem no entendemos los viajes como algo aislado. Forman parte de algo más grande: una forma de educar.
Una forma que tiene que ver con:
- Estar presentes
- Escuchar de verdad
- Acompañar sin imponer
- Dar espacio para que cada uno encuentre su lugar
No se trata de cambiar a nadie, sino de ofrecer contextos donde cada persona pueda avanzar a su manera.
Para terminar
Volvemos al inicio, a la pregunta que lo atraviesa todo: ¿qué nos motiva?
Nos motiva ver procesos, aunque sean pequeños.
Nos motiva acompañar sin invadir.
Nos motiva formar parte de experiencias que dejan huella.
Y sobre todo, nos motiva seguir creyendo que este tipo de educación —la que se vive, la que se siente— tiene un valor enorme.
Y a ti, qué te motiva? Por si aun tienes dudas aquí dejamos un pequeño resumen en este video.
Y si quieres puedes leer este otro artículo que tenemos en nuestro blog