Hay momentos del año en los que parece que todo cuesta un poco más. Después de las vacaciones, cuando volvemos a la rutina, al trabajo, a las clases o a las responsabilidades del día a día, muchas personas sienten que les falta energía o motivación. Precisamente por eso, La felicidad se aprende: claves para cultivarla cada día cobra más sentido que nunca. La felicidad no suele aparecer de repente ni depende únicamente de que todo salga bien. En la mayoría de las ocasiones se construye poco a poco, a través de pequeñas decisiones, hábitos y formas de mirar lo que nos rodea.
Vivimos en una sociedad que muchas veces nos hace creer que ser felices consiste en alcanzar grandes metas: conseguir un mejor trabajo, comprar una casa, hacer el viaje perfecto o cumplir determinados objetivos. Sin embargo, cuando esos momentos llegan, descubrimos que la sensación de bienestar dura menos de lo esperado y enseguida aparecen nuevos retos.
Quizá porque la felicidad nunca estuvo en la meta, sino en la forma de recorrer el camino.
En Colectivo Tándem creemos que educar también significa enseñar a vivir. Durante nuestros viajes, programas educativos y actividades convivimos con niños, adolescentes y adultos, y comprobamos cada día que las experiencias más felices suelen estar relacionadas con las personas, las emociones compartidas y esos pequeños momentos que muchas veces pasan desapercibidos.
La felicidad no significa estar alegre todo el tiempo
Existe una idea equivocada que conviene desmontar desde el principio y ser feliz no significa vivir permanentemente sonriendo. Todos sentimos tristeza, miedo, frustración, incertidumbre o enfado, las emociones desagradables forman parte de la vida y cumplen una función importante.
La diferencia está en aprender a convivir con ellas sin dejar que ocupen todo el espacio. Una persona feliz también tiene malos días, pero también se equivoca, tiene dudas…Lo que suele cambiar es la manera en la que interpreta lo que le ocurre y la capacidad para recuperar el equilibrio después de las dificultades.
Aprender a mirar las pequeñas cosas
Con frecuencia buscamos grandes motivos para sentirnos bien, cuando la mayoría de los momentos felices son mucho más sencillos. Una conversación tranquila. un paseo, el olor del café por la mañana…Son instantes cotidianos que muchas veces pasan desapercibidos porque vivimos demasiado deprisa.
Entrenar la capacidad de observar estas pequeñas experiencias cambia nuestra forma de vivir el día a día.
Compararnos menos y disfrutar más
Las redes sociales muestran continuamente vidas aparentemente perfectas: viajes espectaculares, éxitos profesionales, familias felices, cuerpos perfectos…Sin darnos cuenta, terminamos comparando nuestra realidad con una selección muy cuidada de la vida de otras personas. La comparación constante suele alejarnos de la satisfacción.
Cada persona tiene su propio ritmo, sus propios retos y su propia historia. Aprender a valorar el propio camino resulta mucho más saludable que intentar vivir la vida de los demás.
La gratitud como hábito
Hablar de gratitud puede sonar sencillo, pero practicarla cambia la perspectiva y no consiste en ignorar los problemas. Consiste en reconocer también aquello que sí funciona.
Al final del día podemos preguntarnos:
- ¿Qué ha salido bien hoy?
- ¿Quién me ha ayudado?
- ¿Qué momento me ha hecho sonreír?
- ¿Qué he aprendido?
Este pequeño ejercicio ayuda a equilibrar nuestra atención, que normalmente se dirige con facilidad hacia lo negativo.
El descanso también forma parte de la felicidad
Vivimos con la sensación de que siempre deberíamos estar haciendo algo, de ser productivos, aprovechar el tiempo…Sin embargo, descansar no es perder el tiempo.
Dormir bien, desconectar del trabajo, pasear sin prisas o dedicar tiempo a una afición también forman parte del bienestar emocional. El descanso permite recuperar energía y afrontar mejor los retos cotidianos.
Aceptar que no podemos controlarlo todo
Gran parte de nuestra preocupación aparece cuando intentamos controlar situaciones que dependen de otras personas o de circunstancias externas, que no podemos controlar el clima, ni las opiniones ajenas, ni todos los imprevistos. Lo que sí podemos decidir es cómo responder ante ellos.
Aceptar esta realidad reduce mucho la ansiedad y nos permite centrar nuestra energía en aquello que realmente depende de nosotros.
Pequeñas acciones que pueden marcar la diferencia
La felicidad suele construirse a partir de hábitos sencillos.
Algunas ideas para empezar son:
- Caminar unos minutos cada día.
- Dormir las horas necesarias.
- Reducir el tiempo de pantalla.
- Practicar la gratitud.
- Compartir tiempo con personas importantes.
- Leer con frecuencia.
- Hacer ejercicio.
- Pasar tiempo en la naturaleza.
- Dedicar unos minutos al silencio.
- Celebrar los pequeños avances.
Ninguna de estas acciones cambia la vida de un día para otro, pero juntas crean un estilo de vida mucho más equilibrado.
La importancia de encontrar sentido
No todas las jornadas serán fáciles. Habrá momentos de cansancio, preocupaciones y dificultades. Pero cuando sentimos que lo que hacemos tiene sentido, resulta más sencillo mantener la motivación.
Ese propósito puede encontrarse en el trabajo, en la familia, en ayudar a otras personas, en aprender algo nuevo o simplemente en seguir creciendo como persona. Encontrar un motivo para levantarse cada mañana tiene un enorme impacto sobre nuestro bienestar.
Si estás interesado en encontrar un sentido, tal vez este otro artículo de nuestro blog, te pueda interesar.
Educar también es enseñar a vivir
La felicidad se aprende: claves para cultivarla cada día no pretende ofrecer una receta mágica, porque cada persona encuentra la felicidad de una forma diferente.
Sin embargo, sí existen hábitos que favorecen una vida más tranquila, consciente y equilibrada:
- Observar más y correr menos.
- Escuchar más y comparar menos.
- Compartir más y exigirnos menos.
- Valorar los pequeños momentos.
- Aceptar que no todo saldrá siempre como esperamos.
Porque al final, la felicidad no suele encontrarse muy lejos. Casi siempre está escondida en las pequeñas cosas que vivimos cada día.